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Felicidad inesperada

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Después de los últimos años, no le pedí nada a la vida. A prendí que debía trabajar por ello yo.  Y éste año específicamente, dejé de esperar que mi destino cambiara, o que las cosas fueran exactamente como yo quería. Me enfoqué en mí. En conocerme, en sanarme, en motivarme, en ser una versión mejor. Y fue entonces cuando dejé de mirar hacia el futuro con tanta ansiedad (aunque obviamente aún me da miedo muchas cosas del futuro, pero ya no de la misma manera). Comencé a ver el futuro con la certeza de saber que DIOS NO SE EQUIVOCA.  Y con esa certeza de saber que Él hace todas las cosas nuevas... Jesús cambió el significado de la cruz, de un acto tan horrible y lleno de odio a uno nuevo lleno de valentía y de amor.  Solo Jesús puede cambiar el dolor por alegría y hacer resurgir de las cenizas una obra preciosa con un nuevo propósito. En mi "perfecto" plan de vida, era estar soltera un par de años más, porque ni siquiera sabía si estaba lista para estar con alguien. Pero l...

Cheers to my 30s!

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 A mis 20s... A mis 20s aprendí que la mejor paga de trabajar constantemente es la sensación de una sonrisa extensa en tu rostro. A mis 20s aprendí, que las amistades más valiosas no se miden por cantidad de tiempo compartido si no más bien por calidad. A mis 20s aprendí, que el cuerpo tiene su propio lenguaje, y lo que no aprendes a transmitir con emociones, el cuerpo se encarga siempre de comunicarlo.  A mis 20s aprendí, que no hay una sola ruta para llegar al destino esperado; y qué ese destino es personalizado, pues nadie tiene el mismo. A mis 20s aprendí, que el único reloj con el que se debe medir la vida es el PRESENTE y que las horas no son las mismas en los relojes de cada individuo. A mis 20s aprendí que en la carrera de la vida no gana quien llega primero, si no quien llega entero, y feliz a cual sea que sea su destino. A mis 20s aprendí, que lo que parece eterno, siempre tiene su final. Pues todo pasa y todo cambia. A mis 20s aprendí, que aunque todos quieran manej...

Está esperando por tí.

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Estaba ahí, esperando... De pronto el tiempo se congeló, y solo se oía el viento al rededor.  No existía nadie alrededor, no había ruido, no había estres... Estaba ahí, esperando... esperando por mí. Esperando que tuviera la valentía de hacer un cambio en mi vida.  Esperando que tuviera la valentía de encontrarme con ella cara a cara... Estaba ahí... Tan despierta, tan ruidosa, tan caótica, tan asombrosa, tan elegante y tan cotidiana a la vez. Estaba esperando por mí... La ciudad que nunca duerme. La de la gran manzana. La de la vida ajetreada. New York. Soñé toda mi vida por estar ahí....frente a ella. Y hoy, justamente hoy... Luego de un año tan caótico, Luego de un año de profundos cambios... Al fin pudimos vernos cara a cara. Recuerdo que justamente hace un año hablé sobre mis sueños, hablé que uno de mis planes era ir a New York en 2020, pero como muchas cosas en la vida, la pandemia canceló esos planes (y no sabía que no los estaba cancelando si no aplazando). Para mucho...

Por todo y por nada

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Por todo... Por todo lo que logré. Por todo lo que me hizo sonreír. Por todo lo que me hizo sentir orgullosa. Por todos los atardeceres que pude apreciar. Por todas las veces que pude despertar. Por todas las flores que pude apreciar. Por todas las carcajadas que tuve. Por todas las veces que bailé. Por todas las veces que triunfé. Por todos los abrazos que dí y me dieron. Por todas las llamadas. Por todos los platillos favoritos que deleité. Por todos los cafés caseros y no caseros. Por todos los paisajes y lugares que pude visitar. Por los viajes que pude cumplir Por todas las veces que pude compartir con los que amo. Por las nuevas oportunidades. Por todas las veces que recibí terapia. Por todas las veces en las que sentí el abrazo de Jesús. Por haber entendido mi valor. Por estar viviendo una nueva vida. Por todo....   Por todas las lágrimas que salieron de mis ojos. Por todas las veces que me sentí menos. Por todas las veces que pensé que no valía la pena vivir. Por todas...

De la muerte a la vida

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La mayoría de seres humanos le solemos tener pánico a la muerte. Nos es difícil  comprender, asimilar y aceptar la muerte como parte de la realidad de TODOS. Y quizá parte de ese pánico es la incertidumbre que genera el ponernos a pensar qué pasa después de la muerte. ¿Qué pasaría si pudiésemos  COMPROBAR que hay una vida después de la muerte? ¿Qué pasaría si nosotros mismos pudiésemos comprobar que esa vida es MEJOR que la actual? Y es que los cristianos, POR FE creemos en la resurrección  después de la muerte. Por fe creemos en que hay un futuro que nos espera que es aún mejor que el actual; sin embargo, es eso lo que nos hace luchar por ello: FE.  Y aunque quisiéramos una garantía o un cupón de respaldo de cómo es esa vida, no podemos tenerlo, más que luchar hasta comprobarlo después de la muerte. Sin embargo, hay algo que tenemos por seguro. Y es que después de cualquier final, siempre existen nuevos comienzos.  Después de la noche llega el amanecer. Despué...

El perdón y yo

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Es un acto de valentía reconocer cuando hemos actuado mal... El perdón es entonces, un acto para valientes...(tanto para quien ofrece una disculpa como para quien la recibe, la acoge y perdona de corazón). Yo en lo personal, soy una persona que siempre ha tenido una relación un poco difícil con el perdón, en especial si a mi me toca pedirlo. Siempre he sido una persona orgullosa y es algo que con los años quizá ha ido cambiando pero que aún me cuesta muchísimo. Por el contrario, c uando alguien me hace daño, me puede marcar por un tiempo pero si la otra parte pide disculpas, suelo perdonar con un poco de esfuerzo. Sin embargo, cuando se trata de forma persona, ahí la cosa se pone más complicada. Soy una persona tan autoexigente, que cuando he cometido un error enorme en mi vida, me cuesta muchísimo perdonarme por lo sucedido. Por ejemplo: e n mi mochila llevo aún la carga de faltas que cometí en mi adolescencia y que aún sigo trabajando para entenderlas, abrazarlas y perdonarlas. E...

Me lo merezco

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Pasé años pensando que no merecía ser feliz, o que a lo mucho merecía migajas. Pasé toda mi vida pensando que solo existían 2 clases de amor: El amor mediocre. El amor que no es amor.... Y entonces, en una cruz, comencé a descubrir a alguien que lo había dado TODO por mí: POR AMOR. Y que ese amor es INCONDICIONAL: aún con mis debilidades, aún con mis imperfecciones, aún con mis miedos, aún con mi tibieza. Y ese amor comenzó a transformarme. Tanto así que comencé a entender mi valor. Y para ésto, se los voy a ejemplificar con un ejercicio que me dejó mi psicóloga en terapia: Piensa en un billete de GRAN valor. (Yo pensé en uno de $100). Ahora, qué pasaría si ese billete fuera doblado en 8 partes, y después de eso, estrujado, manchado y quizá hasta roto. Analiza: ¿El billete perdería su valor? ¿Comenzaría de la nada a valer $1 solo porque no está en el mismo estado en el que se encontraba anteriormente?... La respuesta es obviamente negativa...porque el billete seguiría valiendo los mism...